La reforma de la Política Pesquera Común tiene los meses contados. Ya no es una oportunidad para la protección del futuro de los océanos y de las pesquerías es una lucha encarnizada para obtener los mejores intereses políticos, que no pesqueros.

Tanto las políticas pasadas como las más actuales, y ante la atenta mirada de la mayoría de los gobiernos europeos, han dirigido el dinero de nuestros impuestos hacia las grandes empresas pesqueras y grandes barcos que como resultado de embolsarse toda esta cantidad de dinero, se han dedicado a hacer más potentes sus barcos, más dañinos, y más capaces.