En los últimos años se está produciendo un aumento de las flotas locales que reclaman el acceso a sus recursos, a menudo de forma descontrolada, y que tradicionalmente habían sido explotados por otras flotas industriales, principalmente de Francia, España, Taiwán, Corea, China y Japón que se desplazan hasta estas aguas y que emplean técnicas de pesca destructivas como la pesca de cerco con FAD o el palangre industrial.

Cuando abrimos una lata de atún nos estamos llevando un pedazo del Índico, y no precisamente las aguas cristalinas y las playas de arena blanca de las Seychelles o isla Mauricio.

Dentro de las latas de atún procedentes de estas aguas se pueden esconder prácticas de pesca ilegal y, con gran probabilidad, de pesca destructiva.

El 24% de las capturas globales de atún provienen del Índico, lo que la convierte en la segunda región del mundo en importancia para esta pesquería. Y cada vez más barcos, tanto de países de la región como de fuera, se unen a la presión sobre las poblaciones de atún.


La falta de datos fiables y la escasa vigilancia, control y seguimiento de la pesca en estas aguas agrava el problema. Muchos de los países costeros no cuentan con suficientes recursos para patrullar sus aguas que se convierten en el escenario ideal para la pesca ilegal tanto de pequeños barcos como de los grandes buques industriales,

Por estos motivos, al igual que hicimos el año pasado a bordo del Rainbow Warrior, Greenpeace se ha desplazado de nuevo hasta el océano Índico, esta vez con el Esperanza, para apoyar una pesca sostenible para el futuro de estas pesquerías y para documentar la pesca ilegal y/o destructiva de atún. Y no nos ha costado mucho encontrar ejemplos de lo que supone esta pesca.

Hace pocos días avistamos al FV Premier. Un barco cerquero propiedad de Dongwon Industries, la mayor empresa atunera de Corea del Sur y denunciado por pesca ilegal. Y para que quede claro así lo han escrito activistas de Greenpeace en su casco, tanto en inglés como en coreano: ILEGAL.

El FV Premier está acusado de actuaciones ilegales en la costa de África occidental y de falsificación de documentos por el Gobierno de Liberia. En marzo de este año, se le denegó permiso para entrar en Seychelles y otros países de la región, en respuesta a las acusaciones de las que había sido objeto y también le han denegado licencias de pesca en sus aguas. Las autoridades de Mauricio no han sido menos y tampoco han permitido al FV Premier descargar su carga en Port Louis.

Aunque el foco en esta ocasión recae sobre la industria atunera surcoreana no podemos olvidar la presencia de la flota española, la principal flota atunera europea y una de las principales a nivel mundial,  que también emplea artes de pesca no selectivas y usa los FAD, además de haber recibido multas por actividades de pesca ilegal.

El beneficio de las empresas atuneras no puede ser a costa de la salud de los océanos. La pesca del atún en el Índico puede tener un futuro sostenible, sin pesca ilegal ni destructiva y con acceso a los estados costeros a sus propios recursos.. Ese es el atún que quiero en mi lata ¿y tú?