lunes, 25 de noviembre de 2013

Diariovasco 21.11.2013

Pescadores de las embarcaciones de artes menores de los puertos de Gipuzkoa y Bizkaia alertaron, en Ondarroa, de la situación de riesgo en que se puede encontrar la actividad pesquera en Euskadi si las instituciones no adoptan medidas que eviten la contaminación y las capturas masivas. Esta flota se dedica a las capturas de pescado blanco y especies pelágicas, en las diferentes temporadas de pesca.
En una nota, este colectivo ha asegurado que la costa vasca «no está a salvo de la preocupante situación» general que sufre el medio marino y ha recordado que, mientras algunas especies como la anchoa, la merluza o el rape están «en situación crítica», otras como el besugo y la palometa han desaparecido ya de los caladeros.
Por ello, han lamentado que, aunque la industria pesquera haya sido tradicionalmente muy importante en la economía vasca, ahora ya se está «desmoronando» y no exista relevo generacional.
De esta forma, han reclamado a instituciones y cofradías de pescadores que se impliquen para favorecer la regulación y ordenación de la franja costera ubicada entre el límite de aguas territoriales con Francia y Cantabria.
En esta zona, han abogado por que se lleve a cabo un control de la contaminación, infraestructuras, dragados, zonas de cultivo y por que sean cumplidas las normas para el buen funcionamiento de las embarcaciones con distintas artes en las aguas interiores.
Cerco y arrastre
También han pedido que se prohiba usar el arte de cerco en aguas interiores, que no se permita el intrusismo ni la competencia de la pesca marítima recreativa y que se den facilidades en la comercialización de especies capturadas por métodos artesanales.
De la misma forma, han solicitado que se lleven a cabo gestiones con el Gobierno central para la prohibición de artes depredadoras, como el arrastre de fondo, en las doce millas de aguas territoriales.
También han pedido que se dé «acceso preferencial» a los recursos pesqueros a la flota artesanal y que se lleve a cabo una «evaluación científica» de las responsabilidades que ha tenido la actividad pesquera del arte de arrastre en la pérdida de la biodiversidad de la zona.

martes, 19 de noviembre de 2013

Conservación marina a fondo

El País 18.11.2013


Acostumbrados a relacionar el mar con la costa, la playa, las islas que podemos visitar y la pesca que tenemos al alcance de la vista, hasta las políticas de conservación se habían acostumbrado a que el mar que hay que proteger es aquel limitado al ámbito marítimo-terrestre. Solo había una excepción de área marina protegida, El Cachucho, a 65 kilómetros de las costas de Asturias. Sin embargo, la Unión Europea, la directiva Hábitats y la red Natura 2000 nos exigía más. Con eso no valía, y el proyecto Life+ Indemares ha supuesto todo un hito para corregir esa insuficiencia con el conocimiento a fondo de la biodiversidad presente en 10 áreas marinas (ver recuadro).
Según los últimos registros de Natura 2000, España cuenta con un millón de hectáreas marinas incluidas en esta red de espacios protegidos que identifica e incluye los hábitats y especies prioritarios en Europa y los designa lugares de interés comunitario (LIC) y los declara zonas de especial conservación (ZEC) y zonas de especial protección para las aves (ZEPA). Hay que tener en cuenta que buena parte de las áreas en España están muy ligadas a la costa y que Estados como el Reino Unido, Francia y Alemania cuentan ya con la designación de 7,3, 4 y 2,5 millones de hectáreas respectivamente. Si se protegiera todo el área de estudio que ha abarcado Indemares (4,7 millones de hectáreas) la superficie marina española a integrar en Natura 2000 rondaría una extensión 10 veces mayor que la de los 15 parques nacionales actuales juntos.

Paraísos marinos

1. Banco de Galicia. 962.869 hectáreas Montaña submarina a 180 kilómetros de la costa gallega.
2. Cañón de Avilés. 468.579 hectáreas. A 12 kilómetros de la costa asturiana (cabo de Peñas).
3. Cañón de Creus. 117.549 hectáreas. Extremo suroeste de la plataforma continental del Golfo de León
4. Islas Columbretes y Delta del Ebro. Área estudiada: 973.630 hectáreas. Dos zonas integradas en una por su proximidad.
5. Canal de Menorca. 152.764 hectáreas. Entre las islas de Mallorca y Menorca.
6. Isla de Alborán. 199.358 hectáreas. Entre las costa de Almeria y norteafricana.
7. Seco de los Olivos. 36.885 hectáreas. Montaña submarina de origen volcánico situada en el Mar de Alborán.
8. Chimeneas de Cádiz. Área estudiada: 210.106 hectáreas. Volcanes submarinos de fango ubicados en el golfo de Cádiz.
9. Banco de la Concepción. Superficie estudiada: 430.426 hectáreas. Montaña submarina situada 75 kilómetros al norte de Lanzarote.
10. Sur de Fuerteventura. 1.216.259 hectáreas. En el extremo suroeste de Fuerteventura


viernes, 8 de noviembre de 2013

Tras la pista de los patos (de goma) náufragos

Un periodista estadounidense reconstruye en un libro la aventura de 29.000 juguetes que se cayeron de un carguero en el océano y flotaron durante años.- Su destino sirvió a los oceanógrafos para estudiar las corrientes marinas

Probablemente al principio tuvieran miedo. Una cosa es una bañera. Otra, el océano. Pero finalmente debieron de cogerle gusto, dado que algunos siguen dando vueltas por el globo 19 años después. Ahora, los 28.800 patos amarillos (la mayoría), castores rojos, ranas verdes y tortugas azules de plástico que en 1992 cayeron de un barco que navegaba por el Pacífico, hasta podrían volver a encontrar a sus antiguos amigos. Ni que fuera Perdidos. El periodista estadounidense Donovan Hohn ha reconstruido, en su primer libro Moby Duck (que se puede adquirir en Amazon) trayectos y destinos de la mayoría de los juguetes y de otros objetos que flotaron por el mar, en una mezcla de ternura, picos sonrientes, corrientes oceánicas y polución. "Tenía que ser un trabajo corto. Me ha costado sin embargo cinco años y viajes por todo el planeta", cuenta el autor por teléfono desde Nueva York.
El 10 de enero de 1992 una tormenta sorprendió cerca de las Islas Aleutianas a un carguero que cruzaba el océano Pacífico de Hong Kong a Washington. 12 contenedores cayeron por la borda, uno se abrió y llenó el mar de miles de juguetes producidos por la compañía china First Years Inc. Los animalitos se dispersaron, presas de las corrientes oceánicas. Un naufragio conmovedor que una compañía de coches aprovechó años después para un vídeo publicitario. Pero desde el principio el asunto cogió también otro camino, más serio.
Varios oceanógrafos se dieron cuenta de que los patos que tocaban tierra solían desembarcar en determinadas zonas. Hasta llegaron a realizar un mapa que se basaba en las corrientes y reconstruía los trayectos de navegación de los patitos. El oceanógrafo y cazador de juguetes náufragos Curtis Ebbesmeyer encontró el punto exacto en el que el container se había caído. Y, según contó a The Independent, aprovechó los movimientos de los juguetes para estudiar el giro oceánico (una gran corriente constante y circular) del Pacífico Norte, entre Japón, Alaska e Islas Aleutianas, descubriendo por primera vez que un objeto tarda tres años en completar el ciclo.
En 2005 Hohn, fascinado por esta aventura, empezó a tirar del hilo. Su investigación le llevó a contactar con Ebbesmeyer, del que recibió una sorprendente respuesta: "No puede cazar a los patos por teléfono. Tiene que salir de casa y buscar", como publicó The New York Times. Hohn le tomó la palabra. "Primero fui a China, a la fábrica donde construyeron los patos", explica. Y luego empezó a recorrer los sitios del mapa. Escocia, Hawai, incluso cogió un crucero para viajar por el mar Ártico. Una larga ruta con un imprevisto agradecido: "En una playa escondida y desierta, en Alaska, encontré a un castor de plástico, escondido bajo un árbol. No contaba con que a lo largo de mi ruta hallaría a uno de los animalitos".
El castor, que en un tiempo fue rojo y ahora es más bien blanco, está en su casa. Pero, ¿cómo puede estar seguro de que sea uno de los miembros de la flota de juguetes? "Por la marca, el color, el material. Hay pruebas ciertas. En cambio después de los primeros hallazgos se desató un entusiasmo por el que todo el mundo decía que había encontrado uno de los animalitos famosos".
La mayoría de los patos han acabado en las playas del mapa, tras un viaje largo y peligroso. Según Hohn, "la imagen más encantadora de todo esto es la de un minúsculo pato amarillo que desafía en solitario al océano salvaje". Muchos le han ganado el pulso a la naturaleza, a costa de perder su color original y están a salvo, en casas de coleccionistas o cazadores casuales. Centenares de juguetes sin embargo se han deteriorado y han acabado hechos pedazos. Pero "debe de haber cientos que todavía están flotando", sostiene Hohn. Y cuenta: "Varias veces me he imaginado estar tumbado en la playa y de repente ver aparecer en el horizonte un patito amarillo". Ese patito sería hoy 19 años más viejo y tendría el pico sonriente de quien ha sobrevivido al océano.

Una armada de objetos

Los patos no están solos. Uno de los objetivos del libro Moby Duck es llamar la atención sobre el problema de los objetos que se caen de los barcos y acaban dañando al medioambiente y al mar, degradándose o hundiéndose a lo largo de los años. Las cifras, según Hohn, son significativas: "Hay cientos de containers y en consecuencia miles de objetos que acaban en el océano cada año. Un cifra exacta es imposible dado que las compañías de transporte marítimo no están interesadas en contabilizarlo. A menudo estos incidentes pasan desapercibidos. En mis búsquedas me he encontrado con estimaciones de más de 10.000 objetos al año".
Un caso ejemplar se dio en 1998, cuando un carguero perdió en el Pacífico 407 contenedores. "Contenían de todo: bicicletas, teléfonos inalámbricos, ropa. Las consecuencias para el medioambiente son muy dañinas", sostiene Hohn. El daño proviene también de tierra, de los objetos abandonados en el mar. "Los más frecuentes son botellas, juguetes y zapatos".