miércoles, 30 de abril de 2014

El Parlamento Europeo se decanta por la pesca sostenible

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La votación sobre las subvenciones al sector pesquero permite vislumbrar el final de la reforma de la Política Pesquera Común.


Abril 16, 2014
Madrid
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Marta Madina ( mmadina@oceana.org )



El Parlamento Europeo ha aprobado hoy el dossier final sobre la reforma de la Política Pesquera Común (PPC). El Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMP), que asciende a 6.500 millones de euros, permitirá aplicar la PPC durante el periodo 2014-2030. Aunque aún tiene que ser validado por el Consejo de ministros de pesca, el voto de la Eurocámara permite encarar ya la recta final.
Oceana valora como un enorme logro del Parlamento haberse asegurado durante el proceso de reforma de que la nueva PPC devolvería el mar a un estado saludable, pero se muestra crítica sobre los términos del mecanismo de financiación. Varios europarlamentarios, con la vista puesta en las elecciones y deseando impulsar las ayudas para ganarse el apoyo de los pescadores, trataron de introducir en el FEMP subvenciones perniciosas como la financiación de nuevos buques, prohibida en la Unión Europea desde 2004 por su relación directa con la sobrepesca.
“El Parlamento Europeo ha demostrado ser una fuerza a favor del medio ambiente durante las negociaciones de la PPC, pero en el caso del FEMP vimos diferencias de opinión extremas: tanto la propuesta más destructiva en términos medioambientales –las subvenciones para construir nuevos buques– como la más beneficiosa –duplicar los fondos para recogida de datos y medidas de control– provinieron del Parlamento. Afortunadamente, el plenario rechazó la propuesta de financiar nuevos buques”, explica Xavier Pastor, director ejecutivo de Oceana en Europa.
La nueva PPC establece objetivos muy claros para recobrar los stocks pesqueros y reducir el impacto de la pesca sobre el ecosistema mediante una mayor selectividad de las prácticas pesqueras, además de introducir la prohibición de descartes. Las mejoras en el mecanismo de financiación condicionarán la ayuda financiera al cumplimiento de las normas de la PPC, tanto para beneficiarios como para Estados miembros, y la denegarán a operadores con antecedentes de pesca ilegal. Lamentablemente, en el FEMP se reintrodujeron subvenciones perniciosas para el medio ambiente, como los fondos para nuevos motores, pero estarán sujetas a claros límites presupuestarios.
“Los Estados miembros serán quienes tomen la decisión final sobre las inversiones del FEMP, de modo que podrían decidir excluir las subvenciones perniciosas de las posibilidades que ofrezcan a sus respectivos sectores pesqueros. Si de veras están comprometidos con la nueva PPC y sus principios, nada sería más sencillo que excluir estas subvenciones”, añade Vanya Vulperhorst, policy officer de Oceana.
La PPC ha estado en vigor desde 1983 y se renueva cada 10 años, pero esta ha sido la primera vez que el Parlamento ha estado en igualdad de condiciones con el Consejo de Ministros. El proceso de reforma comenzó en septiembre de 2008, cuando la Comisión anunció el fracaso de la política de 2002, subrayando el grave estado de los stocks pesqueros europeos y llamando la atención sobre el hábito de tomar decisiones estrechas de miras y a corto plazo, que perpetuaba el círculo vicioso de sobrepesca, falta de rentabilidad y sobrecapacidad

sábado, 26 de abril de 2014

Europa se autoabastece de pescado hasta el 11 de julio


IP - 25 de abril de 2014 A+ A-


New Economics Foundation ha presentado la actualización de su informe “Fish Dependence” en el que estudia la dependencia del suministro de pescado del exterior por parte de la Unión Europea. Para este año 2014 la fecha para la que se ha calculado que Europa pasará a ser dependiente de las exportación es el 11 de julio. En 2013 la fecha fue el 8 de julio y en 2012 el 6 de julio.

El informe también señala que las poblaciones de peces como globales han disminuido, la producción de la acuicultura (cría de peces, crustáceos, moluscos y otros organismos acuáticos) ha aumentado y el crecimiento del sector alimentario de origen animal en el mundo es más rápido. “Aunque todavía es demasiado pronto para decirlo, esperamos que el hecho de que los niveles de dependencia no están aumentando es una señal de que la sobrepesca se está moderando en aguas de la UE”, añade NEF. “Todavía estamos muy lejos de donde deberíamos estar. La UE cuenta con algunos de los caladeros más amplios y ricos del mundo” pero, añade “nuestras poblaciones de peces producen mucho menos de lo que podrían si se gestionase de forma sostenible”.

Los primeros países en depender de las importaciones han sido Eslovaquia, Austria, Rumania, Bélgica, Lituania y Eslovenia, si bien los dos grandes, Alemania e Italia lo han hecho el 6 y el 13 de abril respectivamente. España lo hará el 11 de junio.

viernes, 4 de abril de 2014

¿Comer pescado es tan saludable como dicen?
La lógica del capital impacta de pleno en su producción. Se crían las especies de alto valor económico, las más demandadas para el consumo. En Noruega, el salmón; en el Estado español, la dorada, la lubina, la trucha, el atún.

Enviado por: ECOticias.com / Red / Agencias, 04/03/2014, 11:54 h | (303) veces leída
Nos dicen que comer pescado es de lo mejor. Nos aporta ácido graso omega 3, vitaminas B, calcio, yodo... Sin embargo, ¿comer pescado es tan saludable? ¿Seguro que es beneficioso para nosotros y el medio ambiente? ¿Qué efectos tiene en los fondos y especies marinas? ¿Y en las comunidades locales? ¿Quién sale ganando con su creciente demanda? Aguas turbias se mueven en las bambalinas de la industria pesquera.

El consumo de pescado va a más. Su producción mundial batió un nuevo récord en 2013 alcanzando los 160 millones de toneladas, con la pesca de captura y la de piscifactorías, frente a los 157 millones del año anterior, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Una tendencia que se sustenta en una sólida demanda en los mercados internacionales y en un aumento de la misma en Asia Oriental y el sudeste asiático, especialmente en China. En Europa, el Estado español es uno de los mayores consumidores, con una media de 26,8 kilos de pescado por persona y año, según datos de Mercasa de 2011, a pesar del descenso que su consumo ha sufrido en los últimos tiempos debido a la crisis.

Una demanda creciente que se ha visto satisfecha por la expansión de la acuicultura intensiva, o lo que sería lo mismo "granjas de pescado" o piscifactorías. Calco y copia del modelo de ganadería industrial, aplicado en esta ocasión a la pesca. Hoy, uno de cada dos peces que comemos procede de dicha producción. Se trata de un modelo en auge que, se calcula, en el 2030 suministrará casi dos tercios de todo el pescado consumido en el mundo, según el informe La pesca hasta 2030: Perspectivas de la pesca y la acuicultura del Banco Mundial y la FAO. Sin embargo, el negativo impacto social y medioambiental de este modelo, desde su instalación al "cultivo" y procesado de los peces, es la otra cara de la moneda.

Pez come pez

La lógica del capital impacta de pleno en su producción. Se crían las especies de alto valor económico, las más demandadas para el consumo. En Noruega, el salmón; en el Estado español, la dorada, la lubina, la trucha, el atún. La mayoría, peces carnívoros: pescado que a su vez necesita de otro para su engorde. El periodista Paul Greenberg, en su obra 'Cuatro peces. El futuro de los últimos alimentos salvajes', lo dejaba claro: para producir 1 kilo de salmón se necesitan 3 kilos de otras especies de pescado y para 1 kilo de atún, nada más y nada menos, que 20 kilos. Lo que genera una mayor sobreexplotación de los recursos pesqueros. Unos bienes, a menudo, sustraídos de las costas de países del Sur, mermando así bienes imprescindibles para su alimentación. El resultado es un producto de lujo a merced de los bolsillos que lo pueden costear y consumir.

Los tratamientos que se aplican en las piscifactorías para combatir las enfermedades infecciosas de los peces son otro factor de riesgo para la salud medioambiental y el consumo humano. Un ejemplo son los baños de formol, con una función antiparasitaria, y el subministro preventivo de antibióticos, que se acumulan en los órganos internos del animal, y su uso sistemático facilita la aparición de patógenos resistentes. Las condiciones en las que se encuentran los peces no ayuda. El hacinamiento en piscinas y jaulas está al orden del día y permite fácilmente la propagación de enfermedades por fricciones, estrés o canibalismo.

Su impacto en el territorio y las comunidades es, también, importante. Las mismas instalaciones, grandes superficies de piscinas, compiten con el uso de dicho terreno por parte de la población local, ya sea para el cultivo, el pastoreo. Las aguas de estos emplazamientos, con altas dosis de productos químicos y sustancias tóxicas, contaminan los suelos y el entorno acuático, y la introducción de especies exóticas y la fuga de ejemplares afecta a las especies nativas.

De la costa a mar adentro

La pesca de captura a gran escala, por su parte, desde la costa hasta las aguas más profundas, tiene asimismo consecuencias muy negativas tanto para los propios recursos pesqueros como para el medio ambiente. En el Mediterráneo, el 92% de las poblaciones de peces están sobreexplotadas, el 63% en el Atlántico, según datos de Ecologistas en Acción. Varias especies marinas se ven amenazadas y en peligro de extinción. La sobrepesca ha sido la práctica dominante y su consecuencia: la disminución de peces en el mar.

A parte, la contaminación del agua incide en dichos animales. La presencia de mercurio en los peces es la más conocida y amenaza el ecosistema y nuestra salud, al tratarse de una sustancia tóxica que afecta al cerebro y al sistema nervioso. Según Ecologistas en Acción, el pescado contiene cada vez más mercurio. En 2013, en la Unión Europea se notificaron 96 casos de pescado contaminado, frente a los 68 del año anterior. La organización ecologista denuncia que los límites de mercurio permitidos por la Unión Europea no son suficientes, porque no tienen en cuenta ni el consumo medio ni las características corporales del consumidor. Los máximos permitidos por la FAO y la Organización Mundial de la Salud, en cambio, son más restrictivos. Nuestra salud, en juego.

El medio ambiente se ve también perjudicado, especialmente por técnicas como la pesca de arrastre, que a través del uso de redes que barren el suelo del mar, destruye los fondos marinos, acaba con hábitats naturales como arrecifes de coral y captura, más allá de los peces objetivo, ejemplares inmaduros y pescados no deseados que acaban siendo descartados, y lanzados de nuevo, muertos o casi muertos, al agua. En la pesca de arrastre de cigala en el Mar del Norte, por ejemplo, se estima, según datos de Ecologistas en Acción, que las capturas no deseadas y descartadas alcanzan el 98% del total. Una práctica que igualmente se da en otros modelos de pesca en teoría más selectivos como la del palangre, con miles de anzuelos con cebos que cuelgan de líneas que pueden medir metros o kilómetros. En el Mar Adriático, los descartes de dicho modelo de pesca pueden llegar hasta el 50% de la captura. La pesca industrial con grandes embarcaciones aumenta el riesgo de contaminación a causa de derrames de petróleo y combustible. El agua, parece, lo engulle todo. Sin embargo, la vida en el mar se agota.

Otro impacto de la pesca industrial se da en tierra firme, en las comunidades. La tan magnífica como dura película de Hubert Sauper 'La pesadilla de Darwin' lo muestra con toda crudeza. La vida de 25 millones de personas alrededor del Lago Victoria, más de la mitad en situación de desnutrición, recogen las migajas de la boyante industria de procesado y comercialización de perca del Nilo destinada al mercado extranjero. Se trata de la cara oculta, y más dramática, de lo que aquí en la pescadería o el supermercado nos dicen es "filete de mero", y que compramos a un módico precio. Cada día, según la campaña No te comas el mundo, dos millones de personas en Occidente consumen perca del Nilo. Lo que equivaldría a satisfacer las necesidades de proteína de 1/3 parte de la población desnutrida de alrededor del Lago Victoria.

En pocas manos

Unas pocas empresas empresas se reparten el jugoso pastel de la pesca industrial. Se trata de grandes compañías que compran a otras de pequeñas con el objetivo de ejercer un mayor control de la industria integrando cría, procesado y comercialización. Actualmente, por poner un caso, cuatro empresas controlan más del 80% de la producción mundial de salmón: la noruega-holandesa Nutreco es la número uno, seguida de las también noruegas Cermaq, Fjord Seafood y Domstein que, tras fusionarse en 2002, ocupan la segunda posición.

Otras grandes compaññías como Pescanova, de origen gallego, optan por la compra de cuotas invirtiendo en producción de salmón en Chile, tilapia en Brasil, rodaballo en Portugal, camarón en Nicaragua, etc. Sin embargo, del éxito a la bancarrota: hoy Pescanova se encuentra en la cuerda floja, acuciada por las deudas y a merced de la banca. Un modelo industrial que acaba con la pesca artesanal y a pequeña escala, que no puede sobrevivir en un sistema pensado por y para la pesca intensiva y a gran escala.

Llegados a este punto, volvemos a preguntar: ¿Comer pescado es tan saludable para nosotros y el medio ambiente? Saquen conclusiones.